30.4.09

Cinco días

Guardo restos de la lluvia en una cantimplora. Bebo a ratos. Voy al supermercado en busca de emociones, pero no queda nada en las estanterías y vuelvo a casa con los bolsillos vacíos. Después del lunes viene el martes. Intercambio impresiones con algún que otro capullo. Pero eso ocurre todos los días. Después del martes viene el miércoles. Enciendo un cigarrillo. Trago el humo. Apago el cigarrillo. Enciendo otro. Me planteo dejar de fumar. Apago el cigarrillo. Bebo un poco de agua de mi cantimplora. Ya es jueves. He dejado de fumar. San Viernes. La cantimplora está medio vacía, pero pronto empezará a llover.

15.12.08

Una nueva cuenta atrás

Lo sé, la cuenta atrás ha durado demasiado. El descanso casi parece haber sido infinito. Y no hay excusas que justifiquen mi larga ausencia. No voy a decir que han sido muchos los que me han animado a seguir escribiendo, pero algunos lo han hecho. He recibido gritos de ánimo y reproches bien merecidos. Reproches por mi falta de constancia, por mi dejadez, por mi marcha indefinida...

El caso es que he vuelto, sin tener muy clara la manera de llenar los vacíos de este blog, dubitativo ante la opción de continuar con mis desvaríos literarios (por llamarlos de alguna forma) o la siempre recurrente oportunidad de abrir esta azotea a nuevas experiencias.

Lo decidiré en los próximos días, mientras espero ansioso la llegada de Paula, viviendo de nuevo otra cuenta atrás.

4.7.08

La cuenta atrás

Quedan siete días, dos horas y treinta y dos minutos para bajar el telón. Sí, las ansiadas vacaciones están a la vuelta de la esquina. Y este año no sueño con grandes viajes a lo largo y ancho del mundo. Me conformo con empezar cada día del verano sin hacer uso del despertador. Con desayunar tranquilamente frente a la televisión mientras me entero de cómo está el mundo a través de algún canal todonoticias. Quién sabe si más tarde me apetecerá salir a la calle a comprar el periódico y el pan o si me decantaré por tumbarme en el sofá a deleitarme con la lectura de una buena novela. Tal vez sea el momento preciso para poner en funcionamiento el aire acondicionado, la mejor arma del hogar para sobrevivir a la guerra veraniega. Gran parte de mi tiempo lo ocuparán también ciertos proyectos de estudio que tengo entre manos. Por la tarde, cine en casa o piscina con amigos (se admiten invitaciones). Y de vez en cuando, escapada a la playa, a broncear la piel y remojar el cuerpo en el mar. La cervecita... Que nunca falte al mediodía. Ni por las noches, claro. Y a descansar, sin prisas, sin agobios, sin agendas apretadas, ni voces, ni ruidos, ni tensiones.

En fin, imagino que no es mal plan de verano para ningún mortal. Tal vez, cuando la tranquilidad se apodere de mi alma, el gusanillo viajero que habita en mi interior despierte de repente reclamando un poco de aventura. Será el momento de hacer las maletas para seguir disfrutando del verano de otra manera, siempre junto a Risueña, atentos a los reclamos de garbancit@, descubriendo mundo.

16.6.08

Creciendo

El tiempo pasa. Garbancit@ ha cumplido doce semanas y ya luce una esbelta figura.















Casi parece estar mirándonos desde ahí adentro.



Y mientras tanto sigue creciendo, creciendo, creciendo... La ilusión, también.

7.5.08

Más latidos

Sí, es él o es ella. Apenas tiene siete semanas de vida
pero su corazón ya late con más fuerza que un tren de mercancías. Mide un centímetro escaso, algo así como un garbanzo. Me cuesta imaginar cómo será cuando crezca, pero pensar que dentro de la barriguita de Risueña se abre paso una nueva vida resulta mucho más difícil de creer. Lo cierto es que garbancit@ (nombre provisional a la espera de futuros e inevitables acontecimientos) poco a poco se va convirtiendo en una personita. Dicen las enciclopedias que por el momento sigue siendo un embrión, pero que poco a poco va adoptando la forma humana. Ya puede apreciarse levemente la silueta de los dedos, los ojos, la nariz. Diría que casi puedo distinguir su sonrisa. Aunque, claro, esto último no es más que una afirmación arriesgada de un futuro padre que alucina por momentos. Puedo jurar incluso que en el instante de la ecografía creí ver su diminuta pero perfecta figura a través del monitor. Una simpática ginecóloga me corrigió y me hizo ver la realidad en la pantalla, garbancit@ no es más que eso: una pequeña legumbre sin sexo ni formas definidas. Así que paciencia, compañeros del mundoblog, todavía no sabemos si garbancit@ se parece más a la madre o al padre, pero os mantendremos informad@s. Su corazón, mientras tanto, sigue latiendo.

23.4.08

Latidos

Apenas eres nada y ya lo eres todo: una noticia que ha cambiado nuestras vidas, una montaña de alegría que se alza sobre cada uno de nosotros, una promesa, un reto, un camino por recorrer, una ilusión, una esperanza. Eres él o eres ella reinando un mundo repleto de colores.

Apenas eres nada y ya lo eres todo. Por eso me he convertido en una persona impaciente. Miro de vez en cuando el calendario, ansioso por que llegue el día en que pueda estrecharte entre mis brazos y se dibuje en mi rostro esa sonrisa de tonto que muchos ya dicen que exhibo, feliz por saber que vives mientras me haces vivir.

10.11.07

Transeúntes

Ya casi no recordaba cuándo había comenzado a caminar. Habían pasado días, semanas, tal vez meses. Y sin embargo no se sentía invadido por el cansancio, ni por la fatiga, ni por el aburrimiento, a pesar del tedioso paisaje que le envolvía a cada paso que daba. A su alrededor todo eran palabras que resplandecían en la oscuridad, palabras que emitían la suficiente luz para hacer visible su camino. A veces las palabras salpicaban alguna fotografía para disfrazarla de recuerdos. A menudo eran sus propias palabras las que le envolvían, pero en muchas otras ocasiones eran las palabras de otros transeúntes las que construían ese pequeño mundo de sueños, ilusiones y simples banalidades. Aquél era un mundo imaginario en el que había logrado refugiarse para escapar de la vida real. Aquellos transeúntes se habían convertido en los compañeros de un viaje que nunca terminaba, un viaje compartido a través de un mundo integrado en una enorme constelación llamada internet. Aquellos transeúntes caminaban de la mano, pero nunca se miraron a los ojos.

Y la vida continuó hasta hoy. Él sigue caminando.

23.10.07

Miedo

Tengo miedo a ser demasiado sincero y provocar miedo en la gente que no acostumbra a decir la verdad. Tengo miedo a saber escuchar mientras otros se tapan los oídos. Tengo miedo a ser feliz y que me tachen de hipócrita. Tengo miedo de conformarme con lo que tengo en lugar de soñar con más de cuatro ceros en mi cuenta bancaria. Tengo miedo de querer sin ser querido. Tengo miedo de avanzar y no encontrar obstáculos en el camino. Tengo miedo de convertirme en un noctámbulo sin otra cosa que hacer que escribir memeces en lugares como éste. Tengo de miedo de seguir escribiendo. Tengo miedo de dejar de escribir.Tengo miedo de que amanezca y sólo pueda dormir. Tengo miedo de llorar. Tengo miedo de reír. Tengo miedo de no tener miedo. Pero ha de ser así.

26.9.07

Un periódico que nace hoy

"Para pensar de verdad, hay que arriesgarse a no tener razón. El que piensa sobre seguro, sin correr ningún riesgo, es verdad que nunca dice nada incorrecto, pero en realidad tampoco dice nada de interés. Creo que hay que intentar siempre decir algo con lo que sea posible no estar de acuerdo".

Lo dice Rafael Reig, autor de novelas como Sangre a borbotones o Guapa de cara. Y lo hace en las páginas de opinión de un periódico que nace hoy. Para un joven periodista siempre resulta atractivo asistir a un acontecimiento de este tipo. Pero más importante que eso es descubrir que no está solo, ni loco, que no es el único que tiene miedo a pensar. Hay que estar dispuesto a correr riesgos y a mostrar desacuerdo con lo no acordado. Pensar es vivir, pero es preciso pensar libremente. Para un joven periodista, la tinta que llena las páginas de un periódico nuevo huele a libertad. Pero ese olor suele desaparecer pronto. Ojalá me equivoque al respecto. Ojalá alguien esté en desacuerdo conmigo.

17.9.07

Toc toc

Alguien llamó a la puerta. Un par de golpes. "Toc toc" o algo por el estilo. Le pareció raro. Muy raro. "Toc toc", sí, eso es lo que había escuchado. Frunció el ceño. Por un instante se sintió extraño en aquel salón amplio y oscuro. El silencio había sido interrumpido por el sonido seco y contundente de una mano golpeando la puerta. "Toc toc". Dos golpes a razón de un "toc" por cada golpe. Dos "tocs" a razón de un golpe por cada "toc".

Pero eso no importa. Lo verdaderamente relevante de todo aquello no era el sonido estremecedor de cada golpe, ni el intervalo de tiempo transcurrido entre cada uno de ellos. No. Lo realmente significativo era que un tipo como él se sintiera extraño al escuchar aquel "toc toc". Probablemente alguien había llamado a la puerta. Pero nadie podría acudir a abrirla en ese salón deshabitado y triste. Ni mucho menos él. Sobre todo ahora que había dejado de existir.