22.2.07

Mirando hacia el cielo

Hoy simplemente quiero hablar de hoy. Quiero hablar de mí. Paso las horas sumergido en mi mundo de cuatro paredes, leyendo un libro y escuchando el suave punteo de una guitarra eléctrica que suena a través de los altavoces del ordenador. "Shine on you crazy diamond". Algun@s ya sabréis a qué disco me refiero. La música me hace vivir. Siento a través de ella. Pienso a través de ella. Escribo a través de ella. Como ahora, mientras los dedos de un gran guitarrista se deslizan sobre un mástil para hacer sonar una melodía irrepetible, capaz de transportarme a otro lugar sin salir de estas cuatro paredes que constituyen mi pequeño mundo. Aquí soy yo, simplemente yo. No necesito mucho más. Tan sólo el sonido de una guitarra, tal vez un saxo que acompañe mis pensamientos al compás que marca una batería.

Podría pasar media vida escuchando música. Como hoy. Música mezclada con el murmullo de la lluvia. La luz de la tarde se ha ido apagando a medida que ha dejado de llover. Pero antes de que el sol se haya despedido definitivamente de este día he salido la calle. Y esto ha sido lo que he visto al mirar hacia el cielo.

30.1.07

Espejismo

El joven escritor despertó aquel día con ganas de ser feliz. La lluvia había empapado la ventana del dormitorio, y todo lo que podía verse a través del cristal era un paisaje difuso de azoteas solitarias bajo un cielo de nubes negras. Por un instante, miró ese cielo inabarcable y le pareció mágico. Al abrir la ventana, el viento frío y húmedo se avalanzó sobre él. Había llegado el invierno. Tropezó con sus propias botas, las mismas que había dejado junto a la cama la noche anterior, y se dirigió al baño. Una vez allí encendió la radio. Todo eran buenas noticias. El locutor hablaba de un proceso de paz reestablecido en algún lugar lejano, de una vacuna contra el SIDA, de la eliminación definitiva de fronteras en todos los países del mundo. Miró entonces al espejo y no pudo evitar una sonrisa. Estaba en lo cierto: aquel día era perfecto para empezar a ser feliz.

15.1.07

Amigos

Otras muchas veces caímos al suelo, pero supimos levantarnos a tiempo. Por aquel entonces, buscábamos cobijo en la noche y consumíamos la vida copa a copa en cualquier bar de esquina. Hablábamos sin saber lo que decíamos. Caminábamos juntos por senderos oscuros con la esperanza de encontrar la luz al final del camino. Reíamos sin cesar para empezar a llorar en cualquier momento. Soñábamos con llegar a alguna parte sin perder el equipaje en el trayecto. Trazábamos curvas y líneas rectas sobre un papel con la ilusión de estar dibujando un mapa de la felicidad.

En cierto modo, éramos felices. No teníamos nada en los bolsillos y toda una vida por delante. Nuestros amores eran platónicos. A veces, competíamos por ver quién era el más rápido, pero el último en llegar era siempre el que ganaba. Jugábamos a las cartas. Siempre juntos. No nos avergonzaba confesar que por encima de la amistad no había nada. Éramos todos para uno y uno para todos. Nos empeñábamos en ser lo que todos creían que éramos. Crecimos siendo amigos. Pero muchos dejaron de crecer...

De los pocos que quedan, tú eres uno. Has vuelto a tropezar, pero estoy seguro de que has aprendido a levantarte. Con ellos o sin ellos, hay que seguir mirando hacia adelante. Conmigo... siempre.

27.12.06

Bienvenida, risueña

Puedes creer en un dios escrito con minúsculas o no creer en nada. Puedes atravesar a nado océanos infinitos o quedarte en la orilla mientras las olas se deshacen bajo tus pies. Puedes fotografiar cada instante que pasa o describir con palabras todo lo que ves. Puedes hablar sobre ti o ser tú mientras hablas sobre algo. Puedes convertirte en Cenicienta o ser la princesa de mis sueños más allá de la medianoche. Puedes crear un blog abierto al mundo entero o meter trocitos de tu vida en un baúl desordenado. Puedes vivir en este espacio sin dueño ni fronteras o simplemente estar viva. Puedes sentarte a mi lado o simplemente estar cerca. Puedes empezar por el principio o elegir cualquier excusa como punto de partida. Después sólo tendrás que echar a volar tu imaginación. Bienvenida, risueña.

19.12.06

Prácticas de vuelo

A menudo me gusta jugar a ser yo, sentarme frente al ordenador y expresar lo que siento, describir lo que veo y lo que no veo, alcanzar lo inalcanzable gracias a las palabras, engañar al más listo y entretener al menos avispado, atravesar océanos de hielo mientras mi corazón arde, desafiar al destino viviendo en el presente, esconderme en el vacío, comer a lo grande, leer cuentos chinos, aprender a ser alguien, comprar sin dinero, trabajar por amor al arte, escribir, escribir, escribir y empezar de nuevo. Como ahora.

A menudo me gusta jugar a ser yo, construir una azotea con vistas al infinito e invitar a cualquiera a visitar otros tejados, desafiar a la gravedad con los pies en el suelo, rebuscar en mi cabeza necedades que valgan la pena, dialogar con las palomas que detienen aquí su vuelo, fumar el humo que contiene el aire y apagar el cigarrillo que quema los pulmones, recuperar el tiempo perdido mientras pierdo el tiempo, hacer amigos, incluir el término "postear" en mi diccionario particular, navegar por internet sin remedio, escribir, escribir, escribir y terminar de repente. Como ahora.

26.11.06

Hoy... Mañana

Hoy aquí. Mañana allí.

Hoy todo. Mañana nada.

Hoy te dicen: “Despierta, ya has dormido bastante”. Mañana no habrá quien duerma.

Hoy certeza. Mañana incertidumbre.

Hoy dolor de muelas que se hace insoportable y que no te deja hacer nada porque nada es demasiado para tanto dolor, millones de analgésicos que no sirven para nada porque nada no quiere saber nada de nadie, porque está harto de todo y no está dispuesto a seguir aguantando tanta impertinencia y tanta gilipollez, quiere acabar con todo pero todo también es demasiado para nada, porque nada, a pesar de no querer saber nada de nadie, no puede escapar, porque el mundo es demasiado pequeño y no hay dónde esconderse y el dolor de muelas sigue jodiendo como puede a cada minuto que pasa. Mañana, tal vez, visita al dentista, búsqueda de algún resquicio en el que enconderse, huída, adiós al dolor, demasiado, demasiada impertinencia y demasiados impertinentes, demasiada gilipollez y demasiados gilipollas que también buscan dónde esconderse pero no pueden porque ya no queda sitio para ellos cuando el dolor se acaba.

Hoy yo. Mañana tú, él, ella, nosotros, vosotros, ellos y ellas y vosotras y nosotras.

Hoy en casa del herrero. Mañana cuchillo de palo.

Hoy salmón noruego. Mañana bocadillo de salchichón.

Hoy amor verdadero que cura y que mata y que no deja dormir. Mañana lágrimas de desamor.

Hoy noctámbulo y emprendedor, cazador vespertino de sueños, amante de mujeres que con la mirada matan, habitante de un mundo de dolor que llora y que vive y que juega a las cartas, ladrón de besos, escritor de cuentos que no cuentan nada, pasajero de un tren a ninguna parte, matriculado en periodismo, licenciado en ciencias de lo que pudo ser y no fue, doctor en recuerdos inolvidables, coleccionista de almas, asesino de masas, vagabundo que malvive como no puede, millonario que derrocha lo poco que tiene, mercenario de mi propia guerra fría, amigo de la duda, enemigo de la tristeza, triste como tú. Mañana nadie.

Hoy por ti. Mañana por…

Hoy piensas: “Todo pasa y todo queda”. Mañana: “¿Todo pasa? ¿Todo queda?”

Hoy felicidad. Mañana tristeza.

Hoy se acaba. Mañana empieza hoy.

12.11.06

Un nuevo amanecer

Desde hace algunos días mi vida es una cuenta atrás, un guión escrito de antemano por ti, una película basada en hechos reales que supera por igual la realidad y la ficción. Una historia con principio, desarrollo y desenlace con nosotros como protagonistas. Tú y yo.

Todo comienza en el mes de abril. Un día cualquiera. Un año cualquiera. El principio puede ser el principio de cualquier historia: dos personas que se encuentran; una simple casualidad (o una casualidad simplemente); una calle vacía (en una bella ciudad); una mirada… Y mientras aparecen en pantalla los créditos de entrada, ella sonríe. Entretanto, el sol se desvanece en el horizonte. La luz se apaga. Un fundido a negro da paso al título de la película.

El desarrollo ya lo conoces. Una cita por la noche. Cena en primer lugar. Tomaré sopa, gracias. Yo también. Vino para acompañar. La vela permanece encendida en el centro de la mesa. Luz tenue. ¿Cómo llegaste aquí? ¿A qué te dedicas? Sí, yo tampoco soporto a esos hipócritas que parecen tener solución a todos los problemas que el mundo padece. El mundo está hecho una mierda. ¿Tomarán algo de entrante? Sí, una verdadera mierda. De postre he de recomendar a los señores la tarta de la casa. No tomaremos postre, gracias.

A eso de las dos de la madrugada, tras la cena y dos copas de más, llega el momento del beso. El cielo estará a sus pies en tan sólo unas semanas. Antes, ella habrá jurado pasar el resto de sus días junto a él. Tal vez después.

El tiempo pasa. Una noche, dos noches, tres noches. Un coche que atraviesa el país. El mar como telón de fondo. Lisboa es demasiado grande para los dos. El viento azota sus rostros mientras pierden la mirada en el infinito. Dos cuerpos que se entremezclan. Una noche más. Un viaje inolvidable. Y tantas otras noches.

La vela se derrite. La luz se debilita. Son demasiados los recuerdos que pasan por su mente en un solo momento. Sentado sobre la cama, el joven enamorado lee con atención los folios que acaba de encontrar en un cajón de la mesita de noche. Es el guión de una película que narra el encuentro de dos personas. Un día cualquiera del mes de abril. Un año cualquiera. Una historia con principio, desarrollo y desenlace con nosotros como protagonistas. Tú y yo.

El desenlace ya lo conozco. Tres protagonistas son demasiados para esta historia. La vela se consume. La luz se apaga. Pero el sol aparece lentamente en el horizonte. Y mientras la luz cálida de un nuevo amanecer sortea la silueta de un hombre en primer plano, una última palabra aparece sobreimpresa en la pantalla. Fin. Después, fundido a negro.

8.11.06

Resucitar

En primer lugar, es conveniente desempolvar los textos olvidados. Volver a empezar. Como en los viejos tiempos, cuando el reloj no marcaba las horas y el mundo cabía en estas cuatro paredes. Ahora las paredes no son las mismas, pero el mundo sigue girando sobre sí mismo mientras el tiempo pasa. Tú tampoco eres el mismo de antes. El tiempo no pasa en balde. Torres más altas han caído desde entonces, es cierto, pero nada te puede hacer caer a ti.

“Gabriel suele mentir”. Así comienza uno de esos textos olvidados que ahora vuelves a leer después de tanto tiempo. Esta jodida vida se ha llevado demasiados momentos sin que te des cuenta. Has permanecido muerto sin haber apretado el gatillo. Pero ha llegado el momento de resucitar. Desafiando a la muerte. Disparando a matar.

“Miente simplemente porque no le basta con decir la verdad”, continúa el texto. La verdad nunca es suficiente, pero a ti te basta.

31.10.06

¿Mañana?

No tengo miedo. He mirado hacia arriba y el cielo sigue en el mismo lugar. Juraría que hasta ayer era otoño, pero hoy el día es espléndido y todo me hace dudar. El reloj sigue funcionando. Supongo, entonces, que el tiempo pasa.

La música suena, una canción tras otra. No es momento de escuchar un vals. Una voz quebrada habla de sobrevivir. Supongo que no es para tanto, pero así es el rock. Unas veces se gana y otras veces se pierde, pero siempre hay que apostar cuando las guitarras rugen y el nivel de adrenalinan sube. Se trata de vivir al límite, como si cada segundo fuera el punto y final de nuestras vidas. Hoy aquí. Mañana no importa. Ahora, por favor, discúlpenme. Una nueva canción acaba de comenzar. Y tengo que vivir.

29.10.06

Equilibrio

Ella nació para estar con él, pero es demasiado joven. Él es lo bastante adulto como para arriesgarlo todo cuando las apuestas están 10 a 1 en contra. Ella se deja abrazar cuando tiene frío. A él le gusta arriesgarlo todo mientras se abraza a ella. Dicen que algo llamado amor les obligó a apostar. Y ganaron. Ahora tratan de huir de la monotonía. El cielo siempre se vuelve oscuro cuando anochece y la luz sólo regresa con cada nuevo amanecer. Lo han intentado todo. Pero es difícil escapar sin saber hacia dónde. Por ello se inventan historias de las que son protagonistas: sueñan con ser dos asesinos a sueldo a los que no le quedan balas, los reyes de un castillo sin puertas ni murallas... O tal vez los detectives que siempre acaban descubriendo al asesino o los bloques de piedra con los que se construye un enorme castillo. Qué más da. La plaza está tan vacía como una nevera vacía. Tan sólo pueden verse las sombras de dos figuras que se dan la mano emulando a algún artista del alambre. Tratan de mantener el equilibrio.